La antropología forense es una subdisciplina de la antropología biológica o física y, como parte de esta disciplina, estudia la diversidad humana a nivel biológico, pero en su vertiente de aplicación práctica utiliza estos conocimientos para encontrar las diferencias, establecer individualidades y, en definitiva, identificar personas. También contribuye a detectar los signos traumáticos que pueden llevar a establecer la causa y circunstancias de la muerte.
En el Estado español, la antropología forense sólo es reconocida a nivel legal, si es ejercida por un médico forense. De hecho su formación docente ha estado y sigue estando vinculada a la medicina forense. En otros países, como Portugal o Estados Unidos, la antropología forense tiene una entidad propia, tanto a nivel de enseñanza, como profesional. De todas maneras, en la actualidad, el avance de la ciencia en general hacia la interdisciplinariedad nos encamina hacia una colaboración estrecha entre todos los ámbitos del saber. Por tanto, la antropología forense está a medio camino entre la antropología física y la medicina forense; sin embargo, este encuadre no estaría completo si no añadimos aquí el universo del derecho.
Teniendo en cuenta sus relaciones con otras ciencias, la antropología forense puede contribuir tanto a la identificación de una persona viva o de un cadáver relativamente reciente, como auxiliar a la historia mediante la identificación de personajes de la antigüeda. Pero sin quedarnos tan cerca, ni alejarnos tanto en el tiempo, tenemos sobre la mesa un problema grave en el que la antropología forense puede ser de inestimable ayuda: las desapariciones forzadas. A nivel internacional, la ONU tiene un Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias (Working Group on Enforced or Involuntary Disappearances). Es el más antiguo de los "Procedimientos Especiales de la Comisión de Derechos Humanos" instituidos por los diversos órganos de Naciones Unidas, encargado expresamente desde 1980 del examen y vigilancia en nombre de la comunidad internacional de las desapariciones forzadas a nivel mundial, así como de informar pública y regularmente del estado de esta cuestión. Más tarde, en 1996, se constituyó la Comisión Internacional sobre Personas Desaparecidas (ICMP) fundada para apoyar el Acuerdo de Paz de Dayton que puso fin al conflicto en Bosnia-Herzegovina. Además de su trabajo en los países de la ex-Yugoslavia, la ICMP está implicada en la ayuda a gobiernos y otras instituciones en varias partes del mundo a afrontar cuestiones sociales y políticas relativas a las personas desaparecidas, estableciendo métodos de identificación efectivos tras un conflicto armado o un desastre natural. En diversos países existen equipos con funciones similares, entre los que destaca el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).
Volviendo la vista hacia nuestro país, existen casos en los que la antropología forense cumple también ese papel entre la justicia y la historia: son las fosas de la Guerra Civil. En este sentido, la llamada ley de la Memoria histórica (Ley 52/2007, de 26 de diciembre) y la ley catalana (Llei 10/2009, de 30 de juny) sobre la localización y la identificación de las personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, pone en evidencia la necesidad de la intervención de la antropología forense en este tema.
La fosa de Gurb
Paralelamente a la tramitación de la ley catalana sobre las fosas de la Guerra Civil, se realizó una prueba piloto a fin de establecer los parámetros de actuación imprescindibles y la problemática inherente a estas actuaciones, a partir de un conocimiento empírico. Por ello, en mayo de 2008 se procedió a la apertura de la fosa de Gurb, Osona, Barcelona (Figura 1). Esta fosa contenía los restos humanos de cómo mínimo cuatro vecinos de la población de Gavà que fueron movilizados por el ejército de la República y que el 2 de febrero de 1939 murieron al enfrentarse al avance de las tropas sublevadas, en los alrededores de Gurb.
La fosa de Gurb es, pues, una fosa de retirada republicana, ubicada fuera de cementerio. Se encuentra cerca de la masía de Can Cadet, en un rellano al margen de una riera. Gracias al testimonio de dos supervivientes, los familiares pudieron conocer el lugar exacto dónde fueron enterrados los cuatro vecinos de Gavà, y dignificar la fosa común con una construcción y una lápida en la que se hizo constar sus nombres.
El proyecto de exhumación e identificación encargado se basó en tres etapas de actuación (Figura 2):
- La investigación sobre la documentación ante mortem de los desaparecidos a fin de disponer de datos de comparación para la eventual identificación.Para el proyecto se organizó el equipo de técnicos y especialistas necesario para lograr el objetivo principal, la recuperación e identificación de los cuatro vecinos de Gavà. Así pues, el proyecto se abordó desde una perspectiva interdisciplinar cuyo núcleo estaba formado por historiadores, arqueólogos, antropólogos y forenses (Figura 2) que trabajaron en los tres ámbitos citados:
- La excavación y exhumación, con el objetivo de recuperar los restos y los documentos y objetos que les acompañan y, a su vez, obtener los primeros datos identificativos y reconstruir las circunstancias y las causas de muerte.
- Los análisis de laboratorio para conseguir la identificación de los cuatro desaparecidos y establecer los datos informativos en el ámbito forense.
- La obtención de los datos ante mortem estuvo liderada por un médico forense, experto en el tipo de información necesaria para una identificación y en cómo obtenerla, a la vez que formado en aspectos legales y en el trato con personas que han sufrido situaciones difíciles.
- La exhumación tuvo una triple dirección, arqueológica, antropológica y forense, con el fin de conseguir los tres objetivos previstos: recuperar los restos con garantías arqueológicas, y reconstruir les evidencias que la misma excavación destruye; recuperar los restos humanos sin pérdida de información antropológica y obtener sobre el terreno los primeros datos.
- El estudio de las evidencias se efectuó en distintos laboratorios especializados; algunos análisis se realizaron secuencialmente, mientras que otros pudieron ser procesados de forma paralela. Los laboratorios implicados fueron: antropológicos, forenses, genéticos, de superposición craneofacial, objetos y balística.
Metodología
La investigación histórica fue realizada por el Centre d'Estudis Històrics de Gavà. La recogida de la documentación para la identificación se realizó mediante una ficha de información/datos ante mortem durante las entrevistas con los familiares. Así mismo, se reconstruyeron los árboles genealógicos de los desaparecidos con el fin de solicitar las muestras biológicas para los análisis genéticos, previa firma de un documento de consentimiento informado elaborado a tal efecto.
La intervención arqueológica se estructuró en diversas fases: 1) Confirmación de la localización de la fosa por distintos métodos históricos y geofísicos; 2) Documentación del contexto, con especial referencia a la relación entre los restos esqueléticos y los diferentes tipos de artefactos existentes, así como de la superposición entre individuos dentro la fosa; y 3) Exhumación de los restos humanos combinado con la documentación antropológica.
Respecto a la documentación de los esqueletos se realizó un registro de las superposiciones existentes entre los esqueletos, generando una matriz análoga a las utilizadas para las descripciones de las relaciones estratigráficas mediante el Sistema Harris y se infirió el orden en que los cuerpos fueron introducidos en la fosa. Por otro lado, se realizó la planimetría de la disposición de los diferentes esqueletos en el interior de la fosa, mediante la ortogeoreferenciación de las imágenes fotográficas cenitales de los diferentes individuos.
La representación planimétrica se completó en el laboratorio. Cada imagen se importó a un archivo AutoCAD y, a partir de las coordenadas de cada individuo, se procedió a realizar la escala, la rotación y el encaje de la imagen en su posición a partir del sistema de referencia empleado en el campo (Figura 3).
Para la excavación de los restos antropológicos se utilizó una ficha antropológica para documentar tota la información arqueológica, tafonómica y antropológica de cada individuo que se corroboró en el laboratorio. También se realizó una descripción, un registro fotográfico y una interpretación preliminar de las lesiones esqueléticas, a fin de determinar su cronología y origen. Se documentaron asimismo los elementos entomológicos que fueron localizados, identificados y muestreados.
La metodología, tanto en el registro de los datos como en los diagnósticos, fue la habitual de los procedimientos de antropología clásica y forense. En este sentido, cabe destacar el tratamiento especial otorgado a las muestras para el análisis de ADN. Todas las muestras fueron recogidas por el mismo investigador, utilizando guantes y mascarilla quirúrgica, y almacenadas en contenedores estériles en condiciones de baja temperatura. Complementariamente a las actuaciones técnicas específicas, se siguió una estricta cadena de custodia que continuó en el laboratorio.
El estudio antropológico de laboratorio consistió en elaborar un perfil biológico de cada uno de los individuos. El sexo se diagnosticó a partir de las características morfológicas de la región pélvica y craneal y secundariamente se aplicaron funciones discriminantes. Para el diagnóstico de la edad se utilizaron los criterios basados en la fusión epifisaria, el desarrollo dental y los cambios morfológicos de la sínfisis púbic, la superficie auricular y el extremo esternal de la cuarta costilla. Los rangos de edad se categorizaron en: adulto-joven (15-35 años), maduro (35-50 años) y de edad avanzada (más de 50 años); adicionalmente, se calculó el rango de la edad más probable dentro de un intervalo de cinco años. El estudio osteométrico consistió en el registro de 15 medidas lineales de la región craneal, y 13 medidas directas y 3 índices de robustez de la región postcraneal y se calculó la estatura. Asimismo se registraron los caracteres epigenético, observando aquellos caracteres morfológicos del esqueleto con mayor determinación genética. El análisis de las entesis se concretó en once zonas de la extremidad superior con mayor asociación con actividad. Para el estudio del sistema dental se tuvo en cuenta el estado dental y alveolar, la presencia y tipología de caries, la evidencia de enfermedad periodontal y placa dental, el grado de desgaste y la presencia y la tipología de hipoplasia del esmalte. El estudio de patologías se basó en la observación de alteraciones morfológicas indicativas de patología ante mortem.
Les lesiones esqueléticas traumáticas peri mortem se analizaron y categorizaron de acuerdo con su origen y mecanismo y la diferenciación entre lesiones ante mortem y peri mortem se consideró a partir de la remodelación ósea. El diagnóstico de lesiones peri mortem y su diferenciación de procesos tafonómicos se realizó a partir de las características observadas in situ, del análisis del patrón de fracturas observado posteriormente en el laboratorio, de las características de los márgenes de las lesiones, de la presencia de pátina y del estudio de los fragmentos óseos perilesionale. Se analizaron las lesiones por arma de fuego, tanto en el campo como en el laboratorio, teniendo en cuenta de manera específica las lesiones torácica. En todos los casos, el diagnóstico de la causa más probable de muerte se basó en el análisis de las lesiones más letales presentes en cada uno de los esqueletos.
El análisis genético se realizó a partir de piezas dentales que se procesaron en tres laboratorios: Instituto de Biología Evolutiva y la UB, el Departamento de Biología Celular, Fisiología e Inmunologí, y el laboratorio de ADN antiguo de la Unidad de Antropología Biológica del Departamento de Biología Animal, Biología Vegetal y Ecología, estos dos últimos de la UAB. Las muestras de los familiares se procesaron en el laboratorio de Genética de Poblaciones Humanas, también de la Unidad de Antropología Biológica de la UAB.
Resultados
Respecto a los datos ante mortem, las limitaciones derivadas del tiempo transcurrido y de la edad de los informantes en el momento de la desaparición, imposibilitaron la obtención de datos significativos relativos a señas y caracteres individualizadores de las cuatro personas desaparecidas. En relación a la información fotográfica, únicamente se pudo disponer de fotografías frontales del AO y JS, mientras que de JR y GI se obtuvieron fotografía de perfil. Para los análisis genéticos se dispuso de muestras biológicas de dos sobrinas por línea materna de JS, del hijo de GI y la hija de AO (Figura 4). Los expedientes y filiaciones militares facilitadas por el Archivo General Militar de Guadalajara aportaron datos sobre la edad, profesión y talla (Tabla 1).
La excavación de la fosa de Gurb proporcionó los restos esqueléticos de 13 individuos adultos y de sexo masculino. Los esqueletos se encontraron parcialmente sobrepuestos entre ellos, nueve de ellos en posición de decúbito prono, uno en posición lateral, y tres en decúbito supino. La disposición de los esqueletos indica que fueron arrastrados por debajo de los brazos o por los pies, accediendo a la fosa por la vertiente sur, siguiendo el eje longitudinal de ésta (Figura 5).
El estado de conservación de los restos era, en general, muy bueno, a pesar de que algunos cráneos resultaron aplastados debido, muy probablemente, al peso del sedimento que los recubría. Únicamente los procesos postdeposicionales naturales afectaron los restos esqueléticos, especialmente los situados en la mitad norte de la fosa y cercanos al margen oriental. Por otro lado, la mayoría de fracturas óseas observadas en la fosa correspondían a lesiones peri mortem relacionadas directamente con la causa de la muerte (Figura 6).
Finalizada la intervención en la fosa de Gurb, se inició el estudio de los restos en el laboratorio. Los principales resultados del análisis arqueológico, antropológico, forense, genético y de superposición craneofacial se resumen en la Tabla 2. En cuanto al análisis genético, se efectuó la caracterización genética de todos los esqueletos. Se obtuvo el perfil mitocondrial de todos los individuos (Tabla 3), mientras que sólo fue parcial a nivel de los marcadores nucleares autosómicos y del cromosoma Y; (Tablas 4 y 5). La información morfológica individual de cada esqueleto se resume a continuación.
Esqueleto 1
Individuo masculino adulto-joven, de 25-35 años, y estatura aproximada de 172 cm, situado en la mitad sur de la fosa, en posición de decúbito prono, inhumado probablemente en último lugar (Figura 6). Asociado a este individuo se encontró un lápiz.
Presenta una robustez de los huesos largos inferior a la media de la muestra y un desarrollo de la musculatura de la extremidad superior entre débil y moderado. También destaca una espina bífida oculta a nivel de la región sacra, incisivos en pala y tubérculo de Carabelli. En relación a la patología ante mortem, presenta una espondilosis de carácter leve y una leve patología oral, caracterizada por algunas pérdidas dentales y caries.
El individuo 1 sufrió un mínimo de una lesión por impacto de proyectil de arma de fuego (Figura 7.1), y se establece como diagnóstico de la causa inmediata de muerte una lesión neurológica/destrucción de centros vitales y como causa intermedia: traumatismo craneoencefálico abierto.
Esqueleto 8
Individuo masculino adulto-maduro, de 35-45 años, y estatura aproximada de 162 cm, situado en la parte central norte de la fosa, en posición de decúbito prono, inhumado probablemente en cuarto lugar (Figura 6). Se encontró una funda de navaja asociada a él.
Destaca la presencia de tubérculo de Carabelli. En relación con la patología ante mortem, presenta una importante patología oral, con pérdidas dentales, fístulas, caries y periodontopatía; también presenta signos artrósicos en la articulación gleno-humeral derecha, una espondilosis leve, engrosamiento diafisal en los huesos del quinto dedo de la mano izquierda y una fisura reciente a nivel de cuello femoral izquierdo indicativa de que el individuo sufrió un episodio traumático en días previos a su muerte.
El individuo sufrió un mínimo de siete lesiones por impacto de proyectil de arma de fuego (Figura 7.8) y se diagnostica como causa inmediata de la muerte: lesión neurológica/destrucción de centros vitales, y como causa intermedia: traumatismos torácico, de extremidad superior e inferior izquierda, y craneoencefálico abiertos.
Consideraciones generales
En total se recuperaron los restos de 13 personas atribuidos a hombres adultos, la mayoría adultos jóvenes. El análisis antropológico y forense evidenció numerosas fracturas peri mortem, la mayoría relacionadas con la presencia de balas. Se recuperaron, asimismo, un número importante de objetos, principalmente botones y munición, percutida y sin percutir; también, otros objetos metálicos como hebillas y cucharas, y restos de textiles muy deteriorados.
En cuanto a la identificación, los datos morfológicos no fueron muy definitorios, ya que las cuatro personas que se buscaban eran del mismo sexo, tenían edades parecidas (38, 38, 38 y 39 años), la misma ocupación (campesinos) y tallas también parecidas (162, 162, 171, 171 cm). En cuanto a enfermedades ante mortem, sólo se conocía que JS sufrió fiebres de Malta y un accidente en el pie con una horca.
Sin embargo, el conjunto de datos morfológicos y genéticos permite afirmar la identidad del esqueleto núm. 3 como el de JS, ya que el perfil mutacional de su ADNmt coincide con el de los familiares, es muy poco frecuente, y no se ha encontrado la misma combinación de mutaciones en ningún otro individuo de la fosa. Se trata, pues, de una identificación positiva fehaciente.
Respecto a los otros tres vecinos de Gavà, se puede aportar una identificación positiva probable. Las informaciones militares en relación con GI indican una talla de 171 cm. Solamente cuatro esqueletos de la fosa se corresponden con una estatura superior a 170 cm. Descartados los esqueletos no 3 (identificado como JS) y el no 11 (no coincidencia con los marcadores del cromosoma Y de su hijo JI), sólo restan los esqueletos 1 y 4. Atendiendo al rango de edad diagnosticado y la compatibilidad de características morfológicas del cráneo es probable que se trate del esqueleto núm. 1.
Respecto a AO, la ficha militar proporciona una estatura de 161,5 cm. Los datos morfológicos (por ejemplo, la aproximación métrica y de edad) lo hacen compatible principalmente con los esqueletos 7 y 8. Entre ambos, la fisonomía obtenida a partir de la fotografía de AO (frente ancha y vertical, con protuberancias frontales marcadas, nariz estrecha y alta, órbitas redondeadas, y mentón alto y redondeado) es compatible principalmente con el cráneo del esqueleto no 7, si bien la superposición de imágenes no ha permitido una resolución positiva. Por otra parte, los datos moleculares indican que el esqueleto no 8 no puede pertenecer a AO (STR autosómicos).
Respecto a JR, la ficha militar proporciona una estatura muy parecida a la anterior, 162 cm, que coincide con la de los esqueletos anteriores, 7 y 8. Por otro lado los datos morfológicos son compatibles con el esqueleto no 8, por lo que consideramos que es probable que el esqueleto no 8 corresponda a JR.
En relación a las circunstancias y las causas de muerte, en todos los casos la causa fundamental fueron las lesiones por proyectil de arma de fuego que causaron lesiones a diversos niveles: craneoencefálico, facial, torácico y en las extremidades. El número, variedad y localización de las lesiones son compatibles con un contexto de batalla.
Así pues, en conclusión se ha podido identificar de manera fehaciente el esqueleto no 3 como el de JS, mientras que la correspondencia entre el esqueleto no 1 y GI, el esqueleto no 7 y AO, y el esqueleto no 8 y JR, aportan una identificación positiva probable. El análisis de las causas de muerte permite afirmar que todos los individuos murieron como consecuencia de lesiones por arma de fuego, probablemente en un contexto de batalla.
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